Auto Traducción

14/5/08

Sociología de la Empresa: Orígenes

Antonio Lucas Marín
Sociología de la empresa
Ibérico Europea de Ediciones, Madrid, 1992, 5ª edición
pp. 23-28

En:

http://www.infonegocio.com/aiso/cvalucas/socdempresa/capitulo.doc

(...) EL INICIO DEL DESARROLLO DE LA SOCIOLOGÍA DE LA EMPRESA

Hemos visto cómo la Sociología de la Empresa es una sociología especial -en el sentido de centrar su interés en una institución: la fábrica- de la sociedad industrial, que es un tipo de sociedad que se ha dado recientemente, independientemente de los regímenes políticos.

Las primeras aportaciones a nuestra ciencia provienen de diversos campos e inicialmente significan siempre una toma de posición frente al industrialismo todavía incipiente. Vamos a verlas cronológicamente en sus diferentes puntos de vista: de los iniciadores de la ciencia económica, de los primeros sociólogos, de los iniciadores del socialismo y del mismo Marx; sus ideas nos perfilan una amplia gama de opiniones que cubre desde mediados del siglo XVIII a los comienzos del siglo XX.

1. Los primeros economistas

Adam Smith (1723-1790)

Considerado como el padre de la Economía, vivió de cerca los inicios del industrialismo en Inglaterra y se caracteriza por una posición optimista, de fe en las ventajas de una productividad en continuo aumento debido a la existencia de las máquinas y las fábrica que en una sociedad bien regida se extiende a todas las capas de la población (Dahrendorf, 1965: 20).

Cita a A.Smith en su obra Un estudio acerca de la naturaleza y esencia de la prosperidad de las naciones, y se refiere después al ejemplo de la mecanización y organización del trabajo en la fabricación de alfileres: si antes 10 artesanos trabajando separada e independientemente producían 20 alfileres diarios cada uno (o sea, 200), ahora conjuntamente podrían producir 48.000 (Ibídem: 22). Para él, tanto los incrementos de productividad como el librecambismo son convenientes y "ventajosos para la gran masa del pueblo" (Castronovo, 1974: 108-111).

David Ricardo (1772-1823)

Aunque partidario en un primer momento del industrialismo, es el iniciador de una línea crítica seguida después por otros economistas clásicos.

Añadió a la segunda edición de su obra "Principles of Political Economy" la observación de que "la sustitución del trabajo humano por la máquina resultaba a menudo muy perjudicial a los intereses de la clase de los trabajadores" (Dahrendorf, op. cit.: 21).

Su aportación teórica sobre el valor-trabajo sería posteriormente recogida por Marx como fundamento a su teoría de la alienación.

2. Los primeros sociólogos

Los organicistas.

Englobamos en este título las aportaciones de Comte (1798-1857) y de Spencer (1820-1903). Para ambos no debe hablarse en la sociedad de antagonismo de intereses, sino de comunidad, de forma que lo realmente bueno para una parte terminará siéndolo para el todo.

La división del trabajo supone mayor especialización y, por tanto, mayor interdependencia. De forma que la sociedad moderna se caracterizará por una mayor cohesión debido a la comunidad de intereses respecto a la producción (López Pintor, 1976: 4-6).

Durkheim (1858-1917)

Sigue preocupado por las consecuencias de la división del trabajo en la línea de los organicistas.

En su estudio sobre la división del trabajo social indica que las formas de división del trabajo determinarán el tipo de solidaridad de una sociedad dada, que se reflejará a su vez en el sistema jurídico predominante en dicha sociedad.

Las sociedades antiguas tenían -en su opinión- una solidaridad mecánica, basada en la semejanza; mientras que las modernas, debido a la división del trabajo, tienen una solidaridad orgánica, con base en las diferencias, lo que exige una mayor interdependencia social en la medida que desaparece la conciencia colectiva.

Por otra parte, para Durkheim, en las sociedades industriales hay más anomía, más vació normativo, menos cohesión social, que deja a los individuos menos protegidos contra las crisis, por eso, por ejemplo, es más frecuente el "suicidio anómico" (Ibídem: 7; cfr. Berger and Berger, 1979: 35 y 38; cfr. Weber, 1964; cfr. Berger and Berger, op. cit.: 39-44).

Max Weber (1864-1920)

Ve el industrialismo, y por tanto el capitalismo moderno, como un aspecto de un fenómeno más amplio que es la extensión de la racionalidad en las diferentes esferas de la vida.

El capitalismo significa la racionalidad en las diferentes esferas de la vida.

El capitalismo significa racionalidad económica, como burocracia significa racionalidad en la organización, como el estado moderno podría significar racionalidad política.

De forma que "el capitalismo moderno aparece y se desarrolla como un fenómeno de racionalidad económica (freno a la ambición desmedida y calculabilidad en las operaciones económicas) que hace posible la extensión de la economía monetaria y se ve favorecido por la acción del poder político en el marco de un sistema de autoridad legal racional, así como impulsado por una ética profesional y de los negocios que tiene raíces religiosas en la mentalidad protestante" (Ibídem: 9).

Para Weber, la idea básica en la evolcuión de las sociedades es la de afinidad electiva, que hace predominar siempre unos determinados planteamientos culturales.

Siguiendo esta línea de pensamiento, en último término, lo que significa el socialismo es una extensión de la burocracia del Estado al ámbito económico.

3. Los primeros socialistas

Los luddistas

Se les puede señalar como preámbulo en este apartado, aunque no tienen nada que ver con el movimiento socialista.

De carácter populista, este movimiento -con sus planes de romper las máquinas- refleja el clima de frustración y desesperanza que en los inicios del industrialismo se produjo en una amplia capa de la población inglesa.

La instalación de los primeros talleres dio lugar a un inmediato descenso considerable en los precios de los productos manufacturados, dejando fuera de competencia a los trabajadores artesanos, que se veían obligados a dar su trabajo al mercado según la ley de la oferta y la demanda.

"La fase culminante del ludismo, que tuvo su centro en el Nottinghamashire entre 1811 y 1842, acabó con la promulgación en el Parlamento (febrero de 1812) de la ley que castigaba la destrucción de los telares con la pena de muerte" (Castronovo, op. cit.: 117 y 118).

Reproducimos a continuación una canción que cita, de la época:

El culpable puede temer, pero él (el general Ludd) no se propone ninguna venganza /

sobre la vida o sobre los bienes del hombre honrado; /

su cólera está enteramente limitada a los anchos telares /

y a aquellos que rebajan los viejos precios. /

Estos instrumentos de daño fueron condenados a muerte /

por el unánime voto del Oficio /

y Ludd, que puede desafiar cualquier imposición, /

fue constituido el gran justiciero. /

Puede censurar la falta de respeto del gran Ludd por las Leyes /

aquel que no reflexione ni siquiera por un momento /

que una vil imposición fue la única causa /

que produjo aquellos deplorables efectos. /

Haced que los soberbios cesen de oprimir a los humildes /

y Ludd enfundará la espada victoriosa, /

haced que sus agravios encuentren inmediato remedio /

y la paz será prontamente restaurada. /

Haced que los sabios y los grandes presten su ayuda y consejo /

y no retiren nunca la palabra asistencia /

hasta que un trabajo de obra de arte y al precio convenido /

sea establecido por la costumbre y por la Ley; /

y el Oficio cuando la ardua contienda haya terminado /

alzará la cabeza en todo su esplendor, /

y el colting, el cutting y el squaring no privarán ya más de su pan a los honrados trabajadores.

Saint Simon (1769-1825)

Fue maestro de Comte, es considerado por algunos como el padre del socialismo y popularizó es término "industrialismo".

Ve en la sociedad que se inicia en su tiempo un nuevo tipo de sociedad que se opone a la militar y feudal que le precediera.

Sin antes mandaban los clérigos, guerreros y señores feudales, ahora mandan científicos e industriales.

Es consciente de las diferencias que existen en la sociedad industrial entre los estratos dominantes y los trabajadores, y cree que para conseguir la igualdad es necesario el "amor al prójimo, como lazo fundamental de unión entre los grupos de la sociedad" (López Pintor, op. cit.: 243).

Entre las ideas excéntricas de Saint Simon está el uniforme de sus seguidores, cuya chaqueta, con botones por detrás, sólo podía ser abrochada con la ayuda de otro. (cfr. Berger, op.cit.: 33)

"Los socialistas utópicos"

Utilizamos este título para referirnos a los iniciadores del socialismo anteriores o contemporáneos a Marx y que son calificados de esta forma por él, pues, en su opinión, no proponen una solución científica de los problemas planteados.

Además de Saint-Simon, están en este grupo Fourrier, Owen y Proudhon.

La atmósfera en que se mueven es muy crítica con respecto a las consecuencias sociales de la industrialización. Todos ellos, luchando como reformadores sociales, propugnan reformas aisladas, en las que realmente comprometieron sus vidas (Dahrendorf, op. cit.: 20).

Cita a los socialistas utópicos como punto de partida de la investigación sociológica industrial.

Algunos de sus planteamientos entroncan con experiencias anarquistas posteriores, siendo de especial importancia las realizadas durante la última guerra civil española en muchas localidades de Cataluña, Alto Aragón y Levante.

De modo genérico podemos decir que veían al maquinismo imponiendo a los trabajadores la miseria en lo económico y la degradación en lo moral.

Fourrier (1772-1837)

De origen modesto, propugna una vuelta a la naturaleza y para ello impugna las bondades atribuidas al industrialismo.

Tiene una idea muy original de la organización social, que debe realizarse a través de las grandes comunidades cooperativas, similares a hoteles, que denomina falansterios, que estarían formados exactamente por 1.620 personas. Hizo una experiencia de falansterio en Guisa que fracasó por falta de ayuda de los mismos obreros.

Owen (1771-1858)

Reformador inglés que inició su trabajo como aprendiz y gracias a su capacidad llegó a dirigir una fábrica de 500 operarios en Glasgow.

Creó instituciones sociales de ayuda, como economatos y cajas de ahorro, y luchó para imponer numerosas medidas de protección al trabajador: jornadas de 10 horas, prohibición del trabajo de menores, etc.

En 1924 se trasladó a Estados Unidos donde intentó una comunidad plenamente comunista en New Armony (Indiana).

Vuelto a Inglaterra en 1829 siguió intentando experiencias y alentando la acción obrera y el cooperativismo.

Ataca al industrialismo y considera conveniente la vuelta a la tierra.

Proudhon (1809-1865)

De gran influencia en los medios obreros franceses de su tiempo.

Después de un período de amistad con Marx rompieron la relaciones por discrepancias en la dirección que debía tomar el movimiento socialista.

La obra Miserias de la filosofía, de Marx, es una crítica a las ideas de Proudhon, por sus planteamientos ante el industrialismo, que considera utópicos, expuestos en Filosofía de la miseria (Cfr. F. Ferraroti, 1976: 67-75).

Su formación artesana y campesina le lleva a una actitud negativa frente al industrialismo.

NO acepta la democracia parlamentaria y desconfía del Estado, centralizador y burocrático, sosteniendo algunas ideas anarquistas (Aron, 1964: 104-105), llegando incluso a pensar que la propiedad individual era la condición indispensable de la independencia del individuo respecto al Estado.

Karl Marx (1818-1883)

Considera en una primera aproximación las consecuencias negativas de la división del trabajo en la línea clásica: pérdida de profesionalidad, pues iguala a todos, transformando a los capataces en peones, -esta concepción está íntimamente unida a su socialismo científico que expone en sus numerosas obras, pero de una forma coherente y sistemática en "El Capital", que es su obra de madurez.

Para una lectura crítica de esta obra fundamental de Marx vale la pena recurrir al libro de R. García de Haro: Karl Marx: El Capital, dónde se dice lo siguiente:

"Pues para entender esta obra de Marx se precisa un cierto conocimiento de la filosofía moderna, de la que procede su concepción del universo y buena parte de su terminología" (Ibídem: 10)
"Por otra parte, El Capital es un intento de hacer ciencia como saber último: en este sentido es, en algún modo, una obra de filosofía, pues pretende ser un saber por las causas últimas. Sin embargo, no se trata de filosofía, pues pretende ser un saber por las causas últimas. Sin embargo, no se trata de filosofía en el sentido perenne de la palabra, ya que no se ocupa de las últimas causas verdaderas de la realidad, sino de la producción de bienes materiales como si fuera la última causa" (Ibídem:16).

Este socialismo, superador de los anteriores, que califica de utópicos, intenta -como afirma en el prólogo a la primera edición de "El Capital"- "descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna..., la ley natural con arreglo a la cual se mueve".

Marx ve la sociedad capitalista -desde su atalaya personal de verdadero intérprete de la historia- como cumpliendo perfectamente su papel histórico, con la seguridad de que se habrá de dejar paso al socialismo del Estado, que a su vez producirá la sociedad comunista, sin clases.

Los aspectos críticos de su obra provienen de su teoría del valor trabajo -tomada de Ricardo- según la cual el valor de una mercancía es el del valor del trabajo que encierra. De aquí se deriva su teoría de la explotación, que explica cómo los capitalistas se quedan con la plusvalía que es la divergencia entre el valor de lo que el obrero aporta con su trabajo produce cierta cantidad de valor, recibe una contrapartida inferior a lo que ha producido y es resto va a los beneficios de los capitalistas".

La alienación del obrero proviene fundamentalmente de esta explotación. Aron (op. cit.: 97) critica radicalmente este planteamiento y señala que, ateniéndose al nivel de ingresos, la calidad y la eficacia de la producción y de la organización, cuentan más que el volumen de beneficios empresariales. Pues, en efecto, la distribución de gastos totales de empresas capitalistas americanas fue en 1957: los salarios el 76,9 por 100 del total; 12,4 por 100 va al Estado en concepto de impuestos; 5,2 por 100 fue reinvertido directamente en la empresa, y el 5,5 por 100 restante fue redistribuido entre los accionistas (esta última partida pudiera considerarse como plusvalía). "En el supuesto de que se suprimiera, la distribución a los accionistas, el aumento de salarios subsiguiente sería irrisorio en comparación con el que permite cada año el acrecentamiento de la productividad".

Intentando ver la aportación global del socialismo inicial a la visión del trabajo industrial, podemos decir que se insiste en tres fenómenos:

"1. Que el trabajador se convierte en el apéndice de la máquina;

2. Que el trabajador se convierte en el esclavo de los productos de sus trabajos; y

3. Que el trabajador soporta de hecho la producción industrial, pero permanece, con todo, en el estado de desposeído" (Dahrendorf, op. cit.: 24).

Vemos, pues, cómo se transmite una idea general de la enajenación del hombre por el trabajo que todavía subsiste en la problemática central de la Sociología de la Empresa.

Se ve la producción industrial en un marco de intereses contrapuesto, de conflicto, en lugar de cooperación.

4. Problemas recurrentes de investigación

Desde los inicios de la industrialización hasta finales del siglo XIX las diferentes aportaciones a la comprensión del trabajo industrial tienen un carácter fundamentalmente teórico, que como hemos visto proviene de campos muy diversos. Sin embargo los problemas estudiados pueden resumirse en tres grandes campos que nos delimitan en buena parte la posterior investigación.

La división del trabajo

Con lo que significa sobre todo de incremento de la productividad, que ha sido el hecho más notorio del industrialismo, y que en su propia dinámica daría lugar en buena parte a las demás consecuencias.

División del trabajo y librecambismo son considerados por muchos como los pilares del progreso económico contemporáneo, manifestado en las sucesivas revoluciones industriales.

El mismo Marx se siente obligado a definirse respecto al librecambismo que considera apresura la revolución social, mientras que el proteccionismo es medida conservadora (cfr., Castronovo, op. cit.: 142, reproduce un discurso de Marx en 1848).

Las ventajas de la división del trabajo son múltiples: facilidad de aprender un oficio, ahorro de tiempo, más eficacia en el manejo del utensilio con la destreza que conlleva la repetición y mejor aprovechamiento de las cualidades individuales de cada persona.

La deshumanización

Puede verse en ella la otra cara de la moneda de la división del trabajo, que de forma inmediata iguala a todos los trabajadores y hace del producto de sus manos algo a lo que realmente no aportan nada específico.

El nuevo trabajo -"hecho trizas"- significa una pérdida de profesionalidad y una pérdida de dominio sobre el "proceso total" que en la fase final -de producción en cadena- llegará a desconocer el operario.

Será así el producto del trabajo algo ajeno al hombre que lo realiza, llegando incluso a oprimirle con las imposiciones técnicas.

La aparición de la sociedad de clases

Que caracteriza al nuevo orden social, donde los factores económicos adquieren la mayor importancia. Y es el conflicto de intereses -la lucha de clases- será visto por algunos como el auténtico motor de la historia, al ser "la historia de la humanidad una historia de la lucha de clases"; de forma que frente a la armonía orgánica que sustentaba el orden social del feudalismo, aparece la contraposición de intereses (entre empresarios y trabajadores) como nueva dinámica de la sociedad (Lucas, 1979: 123 y ss.).

Tienen de común también todas las aportaciones vistas la ausencia de investigación empírica sistemática. Sobre todo se teoriza, y en este sentido es innegable que, como nos indica Jantke, "la investigación social del siglo XIX nos ha dejado un legado poco satisfactorio por cuanto ha examinado sin duda la cuestión social desde puntos de vista de la política y las reformas sociales generales y hasta profundidades metafísicas, pero ha eludido, por otra parte, la investigación a fondo de las condiciones sociales humanas de tensión en su lugar concreto de origen" (Dahrendor, op. cit.: 26).

Sólo a finales del siglo XIX se inician estudios empíricos en Francia (con Le Play con sus encuestas sobre la familia, donde se refiere a las condiciones de trabajo), en Inglaterra (en los estudios de Booth sobre la visa de trabajo en Londres) y en Alemania (con las Encuestas de la Unión para una política social, iniciadas en 1872). Pero en énfasis en las ideas reformistas ha hecho que no podamos hablar todavía de una verdadera ciencia.

Referencias

ARON, R.: Dieciocho lecciones sobre la sociedad industrial, Madrid, Seix Barral, 1964
BERGER, P. and Berger, B.: Sociology, Penguin Books, 1979.
CASTRONOVO, V.: La Revolución Industrial, Barcelona, Nova Terra, 1974.
DAHRENDORF, R.: Sociología de la industria y de la empresa, México, Ed. Uteha, 1965.
FERRAROTI, F.: Hombres y máquinas en la sociedad industrial, Barcelona, Labor, 1976.
GARCÍA DE HARO, R.: Karl Marx: El Capital, Madrid, Emesa, 1977.
LÓPEZ, Pintor: La Sociología Industrial y de la Empresa, Barcelona, Vicens Vives, 1976.
LUCAS, A.: Introducción a la Sociología, Madrid, Eunsa, 1979.
WEBER, M. Economía y Sociedad, México, Fondo de Cultura Económica, 1964.